26 de noviembre de 2009

El verano llegó con panoramas


Tengo que decirlo, si no lo hago me estaré traicionando a mí misma. Sé que tal vez causará sorpresa en algunos, más viniendo de una niña inocente como yo (¡Ja!), pero no me importa.
El caso es que cuando llegué a Buenos Aires no había notado esto, pues obvio, llegué en pleno invierno y todo el mundo andaba cubierto hasta la nariz. Pero, ahora que estamos en verano, aquella cualidad corporal, en las mujeres principalmente, se hizo más evidente. Pues sí, estoy hablando de tetas.
Caminar por las calles, entrar al subte, ir a un shopping, parar en una tienda, en cualquier lado, están las mujeres exhibiendo sus atributos… ¡y qué atributos!, debo admitir. El verano es propicio para eso. Si bien, me parece que el gusto en cuanto a moda no es mejor que el de invierno, ellas se dan la libertad de sacar al aire todo lo que tuvieron que esconder durante varios meses. Si mi amigo Anturi me preguntara, sin duda le diría que viniera en verano, pero si mi hermana Laura, quien es diseñadora, lo hiciera, le recomendaría desde el fin de otoño y hasta entrada la primavera, cuando se puede apreciar el buen estilo de las porteñas.
Sin embargo, eso no deja de lado el exhibicionismo público: piernas bronceadas, aceitadas y depiladas; escotes pronunciados en la espalda y en el pecho; minifaldas que con un suspiro se dibuja hasta el corazón; cabellos sueltos medio arreglados, como quien quiere dar la apariencia de descomplicado, en fin, es imposible no mirar. Están haciendo un llamado claro y directo a la contemplación, de ahí que los chicos quieran pasar de la teoría a la práctica, no es mi punto, ni mi problema.
Pequeña aclaración: mi inclinación sexual es completamente hacia los hombres, pero que uno esté a dieta, no quiere decir que no pueda mirar el menú (aplica para todos los sexos).
Si alguna mujer se pregunta cómo lucen entonces los chicos, tengo que decir que independientemente de verano, invierno o cualquier estación, hay hombres que se ven bien todo el tiempo. Para las que gustan de un estilo medio hippie, este es el paraíso: flacos, barbudos, cabello largo, y look desaliñado (pero un desaliñado con gracia).
En conclusión, sólo por sacar alguna, ¡qué viva el verano, la poca ropa y las mujeres bonitas! Las feas no, porque como se saben feas no muestran nada o no lo hacen con actitud.
    Amén.

25 de noviembre de 2009

23 de noviembre de 2009

Hasta hoy

Las gotas se deslizan por mis pies, cada vez más mojados. La poca ropa que cubre mi piel está empapada. Camino rápido para llegar a casa, pero algo me hace detener súbitamente. Doy media vuelta y ahí lo veo. Corro hacia él, corro con afán, corro con ansiedad, corro con desespero. No logro alcanzarlo, cada vez está más lejos. La lluvia cae intrépida y mis resbaladizos zapatos entorpecen mi paso. Grito, corro, lloro, él se aleja. Cada vez más distante, como la idea de volverlo a ver. La lluvia parece empeorar con mi angustia. Sigo corriendo buscando alcanzarlo, como quien va detrás de un amor platónico, pero él no me escucha, o tal vez me ignora. Me despojo de mis zapatos, tiro mi bolso, grito su nombre, pero no hay nada que me haga estar cerca de él. Caigo. Lloro.  
    ―Regresa, por favor ―susurro.
En medio de la calle y bajo la lluvia, me desarmo. La idea de su regreso me impulsa cada día: Suspiro con el recuerdo de sus besos, sonrío evocando su mirada, duermo escuchando su risa, sueño que toco sus manos. Pero ya no más.
Hoy fue la última vez.  No volveré a pensar en ti, no veré más una foto tuya, no escucharé otra vez esa canción que te recuerda, no estarás en mí como antes; eventualmente perderé el efecto de ti, y será para siempre. Así como lo pediste, tal vez es tiempo de dejarte ir.
Cuídate. 



20 de noviembre de 2009

Palabra del día


19 de noviembre de 2009

¿Cómo decir Te Extraño y no sonar repetitivo?


1.       Aprende un nuevo idioma.
2.       Canta ‘Antología’ o ‘Mis días sin ti’ de Shakira.
3.       Escribe poemas cursis.
4.       Di, si estás en Colombia: La mazorca desgranada ya no sabe igual.
5.       Si estás en Argentina: Desde que te fuiste no he vuelto a leer un Oblogo.
6.       Si estás en Nueva Zelanda: ya no quiero comer más ‘Fush and Chups’.
7.       Busca en gusanito.com postales de amor y copia los mensajes.
8.       Escribe largas cartas contando de tu vida.
9.       Memoriza algún poema de Pablo Neruda, así no lo entiendas.
10.   Envía viejas fotografías a su correo de cuando solían estar juntos.

Lo cierto es que he intentado todas esas técnicas, pero aunque la mazorca desgranada ya no sabe igual, no encuentro más Oblogos en la casa, no me provoca comer ‘Fush and chups’, no hay nada nuevo en gusanito.com, no tengo más historias para contar, ni fotos para enviar, y aunque pueda escribir los versos más tristes esta noche, lo único que tengo para decir es simplemente:
Te Extraño. 

16 de noviembre de 2009

Why New Zealand?

That's the question people always ask. So, for them, this is my answer.

Aotearoa: Land of the long white cloud (Maori Meaning)


Bay of Islands



Cathedral Coves, Coromandel.


Devenport


Lake Taharoa, North Island.


Auckland SkyLine



Cathedral Coves


Cape Reinga: the very top of North Island

Coromandel


Maori expressions (except Arnaud and I)


My best friends


Few seconds before jumping


Is it clear enough now?

El señor de la noche

Hoy me acordé de esta música que canté muchas veces con mis amigos de Cartagena: "Yo soy el señor de la noche y vengo a formar el derroche". No recuerdo si esa era la letra exacta, pero el sentido es el mismo. Me alegra saber que en un par de días los veré de vuelta y entonaremos juntos esta melodía, mientras formamos el desorden. Ahora que lo pienso, debemos buscar una nueva, porque esa ya pasó de moda.

Viendo las fotos de ese año en Cartagena me volvieron muchas sonrisas y recuerdos escondidos. Pasé una etapa fantástica ahí y disfruté cada momento, incluso el 4% de peleas (yo para discutir sí que estoy lista). Así que, subo algunas fotos para compartir las memorias.





"Yo soy el señor de la noche..."








Y este videito que hice hace un año.


12 de noviembre de 2009

De regreso a ti

¡Hola Buenos Aires! Ya te extrañaba.

Cómo estás de bonita y cambiada. Cuando me fui hace sólo un par de semanas eras más fría y egoísta. No te gustaba verme feliz cuando salía con el sol, tenías un tono más gris en la piel, el cabello más corto y llorabas más seguido.

Hoy veo que tu pelo cubre gran parte de tu cuerpo y tienes un bronceado especial.  Me gustas Buenos Aires, hay cierto romanticismo en ti que me atrae. Admito que al comienzo te odié, pero con el pasar de los días te fui apreciando. Creo que tú tienes ese efecto, vas envolviendo y absorbiendo, hasta cuando estamos completamente involucrados. Debo tener cuidado contigo, no me quiero enamorar. No otra vez.

Siguen sin gustarme los que se dicen tus amigos. A veces te tratan mal y te hacen ver fea y rezagada. Son groseros, peleadores y egocéntricos. Quieren pasar por encima de ti, pero no han notado que tú eres mucho más que ellos. ¿Cuándo te darás cuenta de eso? Ay Buenos Aires, te estoy empezando a querer. 

9 de noviembre de 2009

Del adiós

Acabo de descubrirlo, odio los aeropuertos. Son como los hospitales: mucha gente entra y sale, muchas lágrimas y emociones, expresiones de felicidad, de tristeza, de melancolía, de angustia. No es difícil ver una par de ojos inundados de lágrimas mirando por un pasillo a una persona que se aleja, tal vez para no volver.

Hace días cuando regresaba de Wellington, la capital de Nueva Zelanda hacia Auckland, vi a una familia despidiéndose en una parada de bus. En esta ocasión los que parecían los dos padres abordaban el mismo bus en el que yo estaba. Los tres hijos y una nieta se despedían con fuertes abrazos y las lágrimas fueron inevitables. Incluso para el padre, un señor que rondaba los 50 años o más, que al comienzo quiso ocultar su emoción, terminó con los ojos hincados y la nariz colorada. Eso me hizo recordar aquel momento en el aeropuerto cuando toda mi familia me veía partir, mientras mi hermanito gritaba: “¡chao Joanna! Yo te acompaño al avión. ¡¡Joa chaoooo!!”, hasta que no pude más mirar y me refugié en la fría sala de espera. Aún ahora lo recuerdo y es difícil.

Luego en el aeropuerto de Auckland, justo a la entrada de inmigraciones, familias se dividían. En el avión un evidente inmigrante chileno estaba con su nueva familia Australiana (una esposa y dos pequeños) quienes seguramente iban a visitar a su familia latina. Hermanos separados por trabajo, padres e hijos divididos por ir en busca de mejores oportunidades, parientes que no se ven por muchos años y así tantas historias. Inmigrantes, ellos y yo somos inmigrantes, no sólo de nuestra tierra, sino de sueños e ilusiones, somos portadores de anhelos y a veces de esperanza. Pero detrás de toda esa poesía, siempre están los adiós.

Cuando me despedí de mis amigos el sábado por la noche sentí una melancólica felicidad. Estaba tan contenta por haberlos conocido y tan triste por tener que dejarlos. Como siempre, las despedidas no son fáciles, pero ¿cuántos adiós hay que decir para poder acostumbrarse? Ni siquiera con un millón sería suficiente. Stephanie, Nathalie, Florent y Marianne, cada uno un personaje, cada uno una historia, cada uno una huella de este viaje y sin contar todas las que ya he ido coleccionando a lo largo de los años.

Me pregunto cuántas veces más tendré que despedirme de gente que aprecio, cuántas lágrimas más en una noche y cuántos pensamientos de “hasta aquí llega, fue bonito conocerte”. 


Amigos

1 de noviembre de 2009

Coromandel

Hermoso. Esa es la única palabra que puedo encontrar para describir el paseo de este fin de semana en Coromandel, una región cerca de Auckland donde no hay nada más que vistas. Fuimos a todos los sitios de interés de la región, pero más que divertido, esta escapada de la vida urbana fue para ver hermosos paisajes.

Una vez un amigo dijo algo como “cuando vi esas playas me sentí como en una postal” y yo pensé para mí “qué lindo sería sentir eso también”. Pues bueno, no sólo una, sino muchísimas veces me he sentido en la postal y mucho más, porque a veces las fotografías no logran capturar la esencia y la energía de un lugar. Vivirlo y sentirlo, eso es mucho más impactante que la foto.

Hoy estoy agotada, no sólo de este paseo sino de toda la aventura que ha sido estar aquí en Nueva Zelanda, lo mejor es que todavía no acaba, falta poco, pero también faltan algunas aventuras. Comparto unas fotos, mi camarita no es la mejor, pero por lo menos pueden hacerse una idea. Las fotos de la vista más linda no están en mi cámara, pero las tendré pronto y las subiré.


Por ahora, Bon Voyage!



Región de Coromandel















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