19 de enero de 2011

Recorrido por el Cabo de la Vela, ¡sí majayura!

Para los que no están muy seguros de su ubicación, el Cabo de la Vela se encuentra al norte de Colombia (lo amarillo del mapa), en una región llamada La Guajira, una península conocida por sus paisajes desérticos y por conservar muchas costumbres de una de las comunidades indígenas más importantes del país: La Wayúu. Su lengua es el wayuunaiki, y majayura (la palabra del título) significa 'señorita'. Tienen costumbres bastante interesantes y llamativas, de las cuales he aprendido poco, pero un día conoceré más. Por lo pronto les cuanto un poco más sobre nuestro destino.

Para comenzar, debo advertirles que este paseo no es apto para todo público. Hay que tener un poco de sentido de la aventura, amar la naturaleza antes que la civilización, no esperar hospedarse en un lujoso hotel (porque no hay), no sentir pánico al desconectarse totalmente del mundo -esto incluye celulares, internet, msn, chats, blackberry, en fin -, y aguantarse 4 horas de carretera destapada, es decir, ruta de arena y piedras (y si es temporada invernal no será nada cómodo). Una vez superados estos inconvenientes mentales, el paseo comienza con todas las de la ley.

La Burbuja por la carretera
La primera parada, si vienes desde cualquier parte del país (o del mundo), es en Riohacha, la capital de La Guajira. Ahí tomas un tour que consiste en una 'burbuja' -como le dicen ellos-, es decir, se paga una camioneta para cinco personas que te llevará hasta el Cabo y otros lugares cercanos. Por favor, no vayas en un automóvil haciéndolo pasar por el de Batman, pensando que podrá atravesar el camino y superar obstáculos, porque no es así, y una enterrada en el fango te puede costar varias horas del viaje a pleno sol de desierto: nada recomendable.

Esta vez que fui (comienzos de enero 2011), Colombia salía de una de las peores crisis invernales en todos los tiempos. Hubo pueblos desaparecidos y millones de personas quedaron sin hogar. Ante esto, La Guajira no fue la excepción y después de 9 meses de lluvias, el desierto estaba verde. No obstante, todavía se podía apreciar la belleza de semejante lugar.

Llegando al Cabo de la Vela (se ve que está verde, no?)
Una vez que llegas al lugar sientes la recompensa por el par de chichones en la cabeza y el calor que no mata el aire acondicionado de la burbuja. Te recibe un mar de tres colores, una playa de arena blanca y una quietud que adormece. Quieres salir y gritar a ver si alguien te escucha, quieres quitarte la ropa de encima y saltar en el agua cristalina, y quieres, además, comerte un buen pescado fresco con arroz de coco y patacón (misión cumplida).

Para caminar
Ya en el Cabo las opciones son ir al balneario del Pilón de Azúcar, pero cuando fui el mar estaba picado; subir al faro y tomar hermosas fotos, pasear por otras montañas que sólo los guías te saben llevar, o caminar por las colinas y disfrutar de los atardeceres. Es pura relajación, encuentro con la lectura (hasta las 23hrs, porque después quitan la luz), reflexión, paciencia, mar y aire, aire puro y salobre. Por la noche hay que asegurarse de salir a ver las estrellas, porque nunca en mi vida las había visto tan luminosas, ni sentido el cielo tan cerca. Tuve una sensación de regreso a la escuela en un paseo al planetario, ¡pero éste era de verdad! estaban todas las figuras que a uno le enseñan, pero después olvida porque nunca lo ve. Aquí sí que puedes chupar toda la energía cósmica de la constelación.

Colinas
Para dormir encuentras rancherías, que son como cabañas muy rústicas con camas o con chinchorros, hay lugares para acampar y lugares para dormir en hamacas (hamacas paraguayas), tipo cuarto compartido de hostel, pero con hamacas. En Cabo, todos los hospedajes quedan frente al mar. La comida típica es el chivo y el pescado fresco. Ellos están acostumbrados a desayunar, almorzar y cenar pescado, por lo cual, aunque el menú del restaurante incluya arepas, huevos, café, chocolate, etc, no está tan bueno. Si eres de comer ligero a la mañana, te recomiendo que lleves un par de salchichas en lata, pan, galletitas, o lo que gustes.  Este es un plan para reencontrarte con tus propios pensamientos... y a veces asusta.

Nuestras hamacas y la cabaña
Dos noches fueron suficientes para dejarme un agujero mental y volver a golpes a 'la vida real'. Tres días sin saber nada del mundo fuera de mí y tratando de entender el que está adentro. Hay más recorridos que requieren de más días y se puede llegar hasta la puntita, bien arriba del país; pero yo tenía que volver a la gran ciudad, donde me encuentro ahora intentando liberar un poco de peso de mi estructura cerebral. Pero si alguna vez se te antoja pasar por ahí, te lo recomiendo sin pensarlo dos veces. 

Para más fotos del Cabo, puedes entrar aquí.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente el relato, pero definitivamente hay que ir para entender el trasfondo de todas esas palabras, es realmente ir a un viaje hacia tus mas profundos pensamientos en un paraíso.

Joanna Riquett dijo...

Así es querido/a anónimo. Ir ahí es hacer también un viaje al interior de ti mismo. Procura tener la compañía adecuada ;)

Anónimo dijo...

quisiera saber porque los gobierno no hacen esos viajes turísticos accesibles económicamente ? no solo por incrementar la economía sino también para dar a conocer la cultura de una etnia de años

Claudia Zumaeta dijo...

Hola,

Me gustaria saber cómo hace uno para regresar a riohacha.

PEPE PEREZ dijo...

Hola,
estoy por emprender el recorrido en unas pocas semanas. Mi plan es iniciar desde Santa Marta hacia Riohacha y de ahí hacia arriba. Cuánto crees que se necesite para el recorrido desde Riohacha hasta El Cabo de la Vela? Qué hay si uno decide ir hasta Punta Gallinas. Iré sola, hay alguna precaución o recomendación que consideres deba tener en cuenta además de las que mencionas aquí? Mil gracias de antemano :)

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