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27 de julio de 2011

No actualicé...

Está bien, lo sé, lo sé. Llevo un poco más de una semana sin actualizar el blog. La semana pasada tenía la cabeza en otro lado y hoy, que decidí dedicar la noche a actualizar y ver los capítulos atrasados de Mad Men, me tropecé con un nuevo juguete y no hice lo que pensé. Pero bueeeeno, ahora tengo un lugar donde guardar todas los chiches (o chucherías) que encuentro por ahí. Échenle un vistazo, apenas tiene dos horas de vida. http://joanacronica.tumblr.com

16 de julio de 2011

La calle nunca más será igual

Me gustan los músicos de la calle. Cuando los encuentro me cambian la actitud, me separan un rato de la agotadora elucubración y me invitan a disfrutar por unos pocos minutos de la música que producen. En Música para Camaleones ya hablé de aquellos que encuentro en mi estación de todos los días y hoy hablo de uno especial.

Julián es un chico hiperactivo. Le gusta hablar, saludar, es cordial y amable, y aunque lo vi poco tiempo, me pareció una persona feliz. Lleva muchos años tocando en el subte B y dice que a veces se va 'de gira' a la línea D, que es donde lo conocí. No sé cómo comenzó, pero imagino que después de tanto tiempo lo sigue haciendo porque le gusta.

20 de junio de 2011

Estudiando ando

Creo que ya mencioné en alguna parte que terminé la Maestría aquí en Buenos Aires y ahora me queda hacer la tesis, bendita tesis. Muy juiciosa he elegido los domingos para dedicarme a esta labor y hasta ahora vengo cumpliendo más o menos bien los objetivos. Pues, digo más o menos porque aunque acondiciono el espacio para trabajar, me rodeo de libros, me pongo como 'ocupada' en los chats, entro pocas veces a facebook (léase 'pocas veces' irónicamente), no me baño, como sólo cuando me cruje la panza e intento no pensar en nada más, aquí estoy escribiendo un blogpost.

Además me doy cuenta de cosas que no tienen importancia, como que tengo más de 9 horas de jazz en mi iPod; que definitivamente y sin discusión me encanta Norah Jones, porque cada vez que suena una canción no puedo evitar cantarla; que Nina Simone me alegra con su voz; que Frank Sinatra me hace reir con sus comentarios; que tengo vecinos ruidosos y uno en especial que siempre grita algo que parece ¡GOL! pero ni idea qué partidos estará viendo; que en mi living no hay suficiente luz para poder leer mi propia letra; que en la próxima compra tengo que incluir galletas y chocolates en mayor cantidad; que a veces se me escapa un pensamiento inoportuno y eso me lleva al menos 20 minutos de divagación; y que me distraigo muy fácilmente con pequeñeces, aunque eso ya lo sabía. En todo caso, los domingos de estudio se han vuelto mis días favoritos en el invierno, sobre todo cuando Anna (mi roommie) también se sienta a mi lado a estudiar lo suyo. Nada de esto garantiza que logre terminar este maní en tiempo record. ¡Vamos Joa, tú puedes! (un poco de autopromoción y autofestejo son necesarios).

Bien ahí la tele apagada, eh! Por las escaleras a la izq. está la cocina y subiendo, mi cuarto. Me gusta mi depto :)

13 de junio de 2011

¿Escribir sobre cocina yo?

Una cosa es hablar de todo lo que me gusta comer, especialmente si son postres, y otra distinta es hablar sobre recetas y platos para preparar. Pues este fin de semana me salió la colombianidad por los poros y preparé dos platos colombianos: Ajiaco y Patacones.

Mi rommate tiene un blog de cocina, se llama Sin Spices Survival, y me invitó para escribir una entrada sobre eso que preparé. Bueee.. puede ser que no sea la gran cosa para muchos, pero para mí, la renegada # 1 de la cocina, esto es un paso de gigante. Además, lo escribí en inglés. Así que cocina + inglés... algo raro está pasando en mi vida (¡y qué feliz que estoy!).

Aquí les dejo el enlace que para lean la entrada, le den un like, usen las recetas, la comenten y hagan lo que quieran:

9 de junio de 2011

Mi hermano y yo

Se dice que cada quien tiene sus miedos y preocupaciones. No lo dudo, algunos miedos serán más parecidos a otros, como tener que pensar cómo hacer para conseguir dinero y alimentar a la familia ese mes o esa semana. Yo tengo más miedos y menos procupaciones, pero como ya dije en Reflejo en la Ventana, mi preocupación hoy pasa por tomar una decisión.

Tengo además un hermano, un niño chiquito de apenas cuatro añitos. Un angelito que llegó veinte años después que yo y lo amo con todo mi ser. Hoy fue la segunda vez que desperté llorando por él. Me gusta más cuando despierto por una carcajada y no por una lágrima, pero cuando Michel, mi hermano, entra en mis sueños, debilita toda mi coraza. Creo que mi mayor miedo es que no se acuerde de mí, o que no me quiera como su hermana mayor, sino como una más de las que está lejos. Después de todo lo dejé chiquito, apenas podía hablar y ahora parece un loro, nunca se calla. Skype, sí, una vez a la semana al menos lo veo brincoloteando frente a la cámara y contándome sus cosas del colegio, pero no le puedo dar abrazos, no lo puedo llenar de besos, ni regañar cuando se porta mal. No estoy ahí para él y del estar lejos, lo único que me causa un remordimiento es no escucharlo reir. 

Ahí tenía casi dos añitos apenas

7 de junio de 2011

Historia en imágenes

Esta es una historia contada en imágenes, y no porque piense que soy tan buena fotógrafa que las imágenes lo dirán todo por sí solas, sino porque hasta hace poco pensé que no coleccionaba nada, pero me di cuenta de lo contrario. Colecciono una cosa fundamental en mi vida y con la que siempre cargo, no importa donde esté: fotos inútiles.

¡Así es! Estas, entonces, hacen parte de mi colección de fotos inútiles. Para mí tienen un significado, me recuerdan un momento o una sensación, pero si alguien las viera pensaría... no pensaría nada. Empiezo por lo que más me gusta...

Siempre que camino a casa del trabajo, paso por la misma repostería. Todos los días, alrededor de las siete, esta vitrina está esperando que yo pase para provocarme. Todos los días, incansablemente, me esperan las tortas en la vitrina y me piden a gritos que las lleve. Me conformo con poder tomarle una foto a mi vitrina favorita en toda Buenos Aires (¿que si no pensé cruzar la calle? no, prefiero deleitarme con el mórbido placer visual).

2 de mayo de 2011

Frío, ¡no eres bienvenido!

Preparada para el frío (F**k you Winter!)

Domingo 1 de mayo

Temperatura a las 10 de la noche: 10°C
Sensación térmica: 6°C
Estado emocional: congelado

Afuera toda la ropa de invierno, adentro el bikini y el pareo. Vengo del mar, de las olas y del sol; es entendible que no me cause gracia andar por la calle con mil ropas encima, caminando bajo una llovizna insípida. Ya casi está aquí el invierno para pintar a Buenos Aires de gris. ¿Ganas de huir? infinitas. ¿Posibilidades? limitadas. Venga frío, venga y pase rápido. Al menos ya me creció el cabello, porque lo que se avecina parece tremendo.

30 de marzo de 2011

Herencia Creativa

Aunque ya lo he compartido en todos los medios posibles que tengo a disposición, les vuelvo a pasar este artículo del cual estoy muy orgullosa. La historia completa es que en el diario de mi ciudad, El Heraldo, seleccionaron unas fotografías de mi papá, Alex Riquett, para publicarlas en la edición del domingo 27 de marzo. Mi papá me pidió que escribiera algo para acompañar sus fotos y este fue el resultado del trabajo en familia:

Mi papá, más allá de la fotografía | El Heraldo

Recibimos muchos comentarios positivos y estamos felices por el resultado. Lástima que no estoy por allá para poder verlo impreso, pero papá mandó una foto y más o menos se ve así:
Disculpas por la imagen, es sacada con un celular.

28 de febrero de 2011

Los recuerdos de la casa

Cuando recién nos mudamos a esta nueva casa, Anna encontró bajo mi cama una foto antigua de una pareja que podría ser Hindú. No sabemos quiénes son, de dónde vienen o cómo llegó esa foto ahí, pero me gustó tanto que ahora la exhibimos en un marco en el living de la casa, y todo el mundo cree que son familia mía.

Otro día, cuando regresamos de vacaciones, encontré sobre la mesa un anillo -feo además - que no era de ninguna. Habían estado haciendo arreglos en la casa, así que no me extraña que alguien lo haya olvidado. En todo caso, ahora hace parte del marco de la foto anterior.

Ellos, los que parecen mis familiares.

El viernes por la noche, estaba sola en casa preparándome para salir. Buscaba unos papeles que necesitaba y no lograba encontrar en ninguna parte. Metí la mano bajo una mesita que tengo junto a mi cama y que ya había movido antes de lugar. Apareció una nueva foto. Una extraña ésta vez. No parecen familia de la pareja hindú anterior, y la actitud de los personajes de la foto me asusta un poco. No sé si a ésta le pondré un marco, pero sin duda es un buen motivo para pensar de quiénes serán estos recuerdos olvidados en los rincones de una vieja casa.

¿Quiénes serán ellos? ¿Qué hizo él para que ella no quisiera sonreír? ¿Qué la tiene a ella tan aburrida? ¿Dónde es el escenario? ¿pueden ser los noventas? ¿A quién le sonríe él? ¿Qué hace una foto como esta impresa? ¿Es una niña, adolescente o adulta?... ¡cuántas preguntas! ¿comenzamos la historia...? Esta casa tiene sus propios recuerdos... qué susto seguir descubriendo!

Estos, los que asustan.

22 de febrero de 2011

Encontrar recuerdos dentro de los libros

Bueno, esto no es precisamente una cualidad de Buenos Aires, pero sucedió aquí y me gustó el episodio. Resulta que hace un año atrás, un sábado de noviembre, estaba en Nueva Zelanda con mis amigos Steph, Florent, Marianne y Kishan. Era mi noche de despedida, porque al día siguiente viajaba de regreso a Buenos Aires (snif), así que fuimos a un bar belga y tomamos unas Stella Artoise, como debe ser. De repente, usamos los porta-vasos de cerveza de las mesas para escribirnos mensajes, y yo no recordaba dónde había puesto los míos. Anna - mi actual roomie- agarró un día Outliers (el libro), y cuando lo vi en la mesa, lo abrí para ver mis anotaciones y ¡sorpresa! me encontré con uno de los mensajes que me escribió Steph (a ella la llamábamos Stella porque es de Bélgica). Qué lindo momento fue leerlo otra vez y acordarme de ese instante de mi vida. Muchos recuerdos y poco espacio en la memoria. Hay que atraparlos en cuanto lleguen.



El mensaje dice: Joa, I will really really miss you. Be Stay always yourself because you have a wonderful personality. Enjoy your life as much as possible, and make the best of it. See you later somewhere on this planet. Steph xxxx

... and another year has gone by.

14 de febrero de 2011

La cena del vecino

Todos los días, alrededor de las nueve de la noche, él sirve la mesa. Con una pantaloneta negra, camiseta estilo ‘estar en casa’ y descalzo, va preparando cada detalle.

La mesa tiene seis puestos, pero él sólo sirve dos. Tal vez sus hijos no viven más ahí, o tal vez nunca llegan a tiempo para la cena. Primero trae dos copas de agua, supongo que desde una alacena. Las coloca en el puesto de la esquina y el de su lado izquierdo. Trae una botella de agua y sirve una de las copas. Pone los individuales en ambos puestos y va a la cocina. Regresa con otra botella de agua que parece estar fría y sirve otra de las copas. Él sabe cómo le gusta a ella tomar el agua. Coloca una panera en el centro de la mesa y abre la bolsa para que el pan tajado quede al alcance. Trae dos controles remotos y los acomoda junto a su puesto, alineados para que no se vean desordenados. De ella no hay señal todavía.

Saca dos platos color verde, dos juegos de cubierto (tenedor y cuchillo), rasga servilletas de cocina y las pisa con los platos que acaba de ubicar en la mesa. Cuando termina de acomodar las cosas, se detiene unos instantes a observar si está todo listo: platos, vasos, cubiertos, servilletas, controles, pan y agua. Parece que sí. Abandona la habitación por unos instantes.

El gato asoma su cabeza por la ventana. A lo mejor se dio cuenta que yo estaba espiando. Mira fijamente hacia la mía hasta que me encuentra. Muevo mi mano saludándolo y trato de separarla de mi cara, para ver qué es lo que mira, pero sus ojos no se mueven en el sentido de mi mano, sigue mirando directo a mis ojos. ¡Ay gato, no me asustes!

Ella aparece en escena. Atraviesa la habitación y constata que está todo en orden. Lleva un vestido negro y unas sandalias ‘tres puntá’. Regresa a la cocina. El gato sigue mirándome. No se movió mientras ella estuvo ahí. Su cabecita se ve a través de las macetas que tienen en el balcón. Desde aquí, las plantas parecen de mentira o, más bien, hongos de lechuga. Ella vuelve y llama al señor con gestos. Nunca puedo ver sus cabezas. Ella sirve algo en el plato, él se sienta y prende la televisión. Ella vuelve a la cocina. Él empieza a comer sin esperarla. Un bocado y mira la tele. Mastica con calma, no tiene prisa. El plato de ella está sin servir todavía. Él sigue su ritmo. La persiana de la ventana no me deja ver hacia dónde miran sus ojos, así que no sé cuál es la posición de la tele. No sé si su cabello es negro o es blanco, pero por su forma de sentarse y las arrugas en la piel indican que es gris. El de ella, que volvió a la habitación, es marrón oscuro. Se sienta en la mesa, toma un poco de agua y comienza a comer. Él ya está por terminar, su plato va quedando más vacío mientras cambia de canal. El gato dejó de mirarme, algo lo distrajo más arriba. No se hablan. Ella lo mira y prueba otro bocado. Mastica mientras ve la televisión. Él termina de comer. Empuja el plato un poco adentro de la mesa, apoya los codos y cruza los brazos. Ahora espera a que ella termine.

El gato se fue, no sé a dónde. Anna, mi amiga, me habla de este lado. Me distraigo unos minutos con ella. Saludo a su novio que acaba de llegar y llevo mis platos a la cocina. Regreso a ver en qué están mis vecinos, pero ya se habían levantado. Sólo quedaban los platos sucios sobre la mesa.

5 de febrero de 2011

Las cosas buenas también se cuentan

Para comenzar quiero decir que esta entrada está especialmente dedicada a Mariano, a.k.a Diano Bike. El motivo es que Mariano es argentino y, además, es mi jefe, pero más aún, es mi follower en Twitter (@JoaAnacronica), y por este medio que se mueve tan rápidamente, que es mi compañero de trabajo, que lo tengo siempre encendido en días de semana y por el que hablo cualquier cosa que se me ocurre, veo o siento, al pobre no le ha quedado más remedio que escucharme quejar de todo lo que me parece mal de esta ciudad, o a veces del país.

Buenos Aires es la ciudad que elegí para vivir ahora, fue y sigue siendo mi decisión, nadie me obligó a venir ni a quedarme, mucho menos a tener una vida tan estable como la mía, con trabajo, amigos, maestría, casa y otras cositas. Estoy feliz por eso, pero siendo honestos, el ser humano está siempre insatisfecho, y como no estoy en mi país, pues tengo que quejarme de algo.

Así que, en un increíble esfuerzo por cambiar la perspectiva del día a día, he decidido tomar el ejemplo de Neil Pasricha, el autor de las '3 A's of Awesome', que si no han visto su charla en TED les súper recomiendo que lo hagan. Él tiene un blog que pretende reunir '1000 Awesome things' de la vida y eso le ha permitido cambiar su mirada hacia el lado positivo. Mi objetivo es similar, pero tengo la proposición de que cada día encontraré un detalle que me guste de Buenos Aires con fecha de vencimiento diciembre de 2011. Esto no interrumpirá mis posteos habituales, ni mis elucubraciones, simplemente será una píldora diaria anti malestar porteño.

Esperemos que funcione y tal vez así también ayude a mis otros amigos extranjeros que están pasando por las mismas que yo, a que vean la ciudad desde otro ángulo y a que me ayuden a encontrar estos detalles. Y si ellos no se animan... oh god, help me!

26 de enero de 2011

Entre recuerdos

Encontré esto entre notas perdidas y quiero liberarlo. Inspirado en una canción de Cerati y un gato que nunca se calla. Voy encontrando más, así que los iré posteando a medida que me dicte el corazón.

La Noche
Tráeme la noche y déjame una de esas madrugadas tuyas. Tráeme el silencio y déjame un susurro. Tráeme tu escencia y llévame donde solo la luna es testigo del sudor de nuestra piel y el gato el único que acompaña nuestro ritmo. Ven, que te espero. Vuelve, que te pienso. Cada noche, cada respiro, cada maullido.

15 de enero de 2011

De vacaciones

Hace un mes que no escribo nada. No he abandonado el blog, puedo dejar de hacer cualquier otra cosa, menos abandonar este espacio que me encanta. Sucede que me fui de 'vacaciones' a mi país. Regresé a mi terruño y estuve dos semanas con mi familia y mis amigos más queridos. Me conecté tanto con disfrutar ese tiempo, que me desconecté de todo lo demás. Por cuanto ya estoy de vuelta en Buenos Aires, tengo la cabeza llena de mil pensamientos, pocas palabras para definirlos y menos tiempo para entenderlos, así que se me está complicando escribir algo coherente sobre el regreso a Barranquilla y la pequeña escapada al Cabo de la Vela con mi mamá.

Tengo muchas cosas para pensar, pero sobre todo para entender y definir; y aunque soy feliz y no me hace falta nada, no dejo de sentir cierta ansiedad que me indican que tengo que moverme rápido, así mi súper- re- contra- archi- enemigo: el tiempo, me diga que tengo que esperar. ¡Esperar las pelotas! como dicen aquí, yo hago las cosas en el momento que me va dictando el pálpito.

Bueno, pero a pesar de que no he escrito nada, sí trabajé un rato en las fotografías que tomé en el Cabo. Aquí abajo les dejo un par, pero pueden verlas todas en mi cuenta de Flickr aquí.




13 de diciembre de 2010

Nostalgia de época

Diciembre es el mes que más me gusta en el calendario. Bueno, en realidad, no. Cuando era niña, esperaba todo el año a que llegara diciembre, porque era la época en que Papá Noel (Santa Claus, Niño Dios, whatever) traía un montón de regalos. Además, mis papás son separados y por eso recibía dos regalos en lugar de uno, y 'donaciones' de tres familias en lugar de dos -si son matemáticas complejas es porque tus padres siguen en feliz (¿?) matrimonio-. La familia se reúne en éstas fechas para hablar de lo bien que le va a cada uno, a los hijos, a los hermanos en otro país, etc. Se gasta un montón de dinero en regalos y son bien recibidos por el otro con un: ¡Qué divino, está espectacular! mientras por dentro piensan si podrán cambiarlo al día siguiente o tendrán que esperar unas semanas. Se come un montón de comida deliciosa: ésta sí que es la mejor parte, y se estrenan nuevos vestuarios para lucir bien, porque 'es de buena suerte'. 

A pesar de eso, es una época en la que todos parecen felices. Las preocupaciones del año quedaron atrás. Las casas están decoradas con luces navideñas, la gente sale a las calles para ver los alumbrados, hay arbolitos navideños en todas las casas, huele a buñuelos y rico pan por las calles, los niños escriben sus pergaminos de regalos a Papá Noel, hay hombres disfrazados del bondadoso Santa en todos los almacenes, los canales de televisión ponen el mismo jingle navideño de todos los años que ya se volvió tradición, hay villancicos en todos los shoppings, actos de navidad en las escuelas, aumenta el comercio y las compras compulsivas, la música recuerda a los abuelos; tortas, dulces, tamales, natilla, pasteles, buñuelos -otra vez-, gelatinas navideñas, pavo, arroces, pan de sabores... tanta comida. Hablo de Colombia, claro. 

Es también una época en la que la nostalgia aumenta. Estar lejos, en un país donde no se siente el mismo espíritu, estar en una casa donde no hay ni rastros navideños, estar con personas que, por más que las quieras, no comparten o entienden tus sentimientos, es difícil, es triste, es doloroso. Mi hermana acaba de regresar a nuestro país. No vuelve. Siento su ausencia, me falta su compañía, tengo mucho espacio en el closet y en el cuarto que no uso, no tengo a quién preguntarle cómo le fue en el día, ni a quien darle las buenas noches o los buenos días. Tengo, a cambio, un poco de independencia, un poco de soledad, y un poco más de saudades. También tengo un arbolito con una estrellita que me dejó la pequeña antes de irse. Es mi navidad. Ya sé que estoy a pocos tiempo de volver por unos días, pero no puedo evitar extrañar lo que me estoy perdiendo.

No será diciembre mi mes favorito, porque se mezclan un montón de sentimientos del pasado, el presente y lo que viene, pero como dice Bob Dylan: "Beyond the horizon, behind the sun, at the end of the rainbow, life has only begun".

3 de octubre de 2010

Supermercado

Octubre, 2 de la tarde. Un sábado cualquiera, con una primavera que llega atrasada y que todavía nos refugia por la noche en casa. La nevera sin alimentos, sólo con cervezas. Necesidad de hacer una compra rápida. Un supermercado sin descuento cerca de casa que vende el rayador que necesitamos.

Sección de mermeladas y dulces de leche: caos. I got a feeling en español martillando los oídos. Gente loca chocando sus carritos con otros. Desesperados todos por tomar el último pote de Dulce de Leche de buena marca. Una por ahí golpea su carro contra los panes y caen todos al piso. Levanta dos del suelo... y el resto que se encargue el empleado del Super... supongo. Señores con carritos llenos de papel higiénico, gaseosas y pan: esos tendrán asado en casa. Tres, cinco, once personas en la cola para pagar. Las cajeras van a velocidad morrocoyo, ellas pasan los productos y empacan las bolsas. Usan una por tres productos. Seis bolsas llevamos a casa, cuatro cosas en la nevera. Dos horas después, chorizos en la parrillita.

2:30 p.m
Nota mental: no volver al supermercado un sábado de primavera... ni en pedo.

11 de agosto de 2010

Cuidado con esa caja

Por: Edgard Livingstone

¿Quién no utilizó en algún momento de su vida una caja de zapatos para guardar algo importante? Todos estamos más o menos familiarizados con un objeto de este tipo y, en efecto, la Caja de Zapatos de Fernando Milsztajn contiene muchos elementos que uno esperaría encontrar allí adentro.

Sin embargo, se equivoca quien cree hallar en esta caja un mundo de recuerdos ordenados, un mundo en el cual, de vez en vez, reconocerse o distanciarse. Maestro en el arte de la provocación, Milsztajn juega, a veces con sutileza, otras con falsa superficialidad, a poner al lector en el medio de contraposiciones, contrastes constantes en una serie de viajes de ida y vuelta que garantiza en el libro un ritmo narrativo siempre elevado.

El lector se divierte pasando del pensamiento del autor hasta el de un hombre cualquiera, encontrándose en el medio con el suyo propio. O se sorprende en pasar, casi sin darse cuenta, de lo verosímil a lo imaginario, cayendo en las trampas narrativas bien armadas por el autor. Y, finalmente, se deja transportar del pasado al presente gracias a la intervención del recuerdo que reúnen, en voz baja o a gritos, a los hechos en una única dimensión sin tiempo, una dimensión íntima que Milsztajn con mucha habilidad nos recuerda a todos tener por algún lado.

¿Cómo salir vivos de esta trabazón de historias, personajes, pequeños pedazos de mundos que se cruzan confusamente en la cabeza del lector? El mismo autor ofrece la clave de lectura de su libro -la clave que abre la caja de zapatos-, con una afirmación que es al mismo tiempo elemento unificador de la variedad narrativa del libro y manifiesto de su poética literaria:

“Eso me desespera, el dolor que siento cuando se escapa y se pierde un recuerdo… es como si YO fuera el que va desapareciendo en cuotas. Creo que por eso me gusta escribir, para no dejarlos escapar. A veces los atrapo mandándome mensaje de textos con palabras sueltas que después sirven de soga para el rescate”.

- Desde Afuera - 

Por: Joa Anacrónica

La última semana estuve de viaje. Fue un viaje corto, conciso, preciso, divertido y acompañado. Fue un viaje que duraba los únicos 10 minutos de bus que demoraba en llegar a mi anterior trabajo. Fue un viaje al interior... de mí.

Por referencias llegó a mí una Caja de Zapatos. Una cajita que contenía los recuerdos de otro y los sentimientos míos. Cómo explicar que durante una semana no me importó la señora que me empujaba para agarrar mi apoyo en el bus, o correr a tomar el primer asiento libre antes que el de al lado, o que no escuchaba el ruido de esos buses que les suena hasta la pintura, ni tampoco los insultos de uno que se quiso bajar donde no era y le echó la culpa al conductor.

Sí, fue una de esas lecturas simples, pero deliciosas. Una de esas historias que te encuentran. Uno de esos caminos que no llevan a nada, pero te transportan. Es como conocer a alguien que te cuenta la historia de su vida y tú dices: "¿Sabes? eso también me pasó. O, yo también soy así. O, eso pudo pasarme a mí. O, más aún, lo dijiste primero que yo".

Y ahora, al ritmo de Baden Powell, yo escribo estas líneas sólo para dejar dicho por algún lado que conocí a alguien más en este mundo que sufre de infancia crónica, que sus ojos saltan por encima de la aburrida monotonía, que su mundo gira entorno a sus letras, que escribe más por placer que por deber, que comparte la lejana cercanía de un universo paralelo, y que tal vez, al igual que yo, su mente nunca frena y sus manos intentan ir a la misma velocidad de sus pensamientos. Conocí a alguien que no conozco, pero me basta leer que hay otros en el mundo que tienen su inbox del celular lleno de mensajitos recordatorios de momentos especiales para sus ojos, que se convertirán luego en viajes anacrónicos.

- Desde Adentro- 

7 de julio de 2010

Psicosis Ezquisofrénica latente

He descubierto que tengo una tendencia esquizofrénica que está queriendo salir a la luz. En realidad, no sé si está queriendo salir o si siempre ha estado ahí latente esperando mi lado flaco. Aunque creo que se equivoca, porque todos mis lados son flacos y todavía no ha salido nada... nada grave.

Andaba por las calles caminando y recordando algunas escenas del día. Mis acompañantes eran un viento frío, una temperatura de más o menos 7 grados y una canción de los Muppets que llevaba días merodeando en mis recuerdos. Iba imaginando a ciertas personas contándome una historia y yo parecía estar ahí en la conversación, porque iba por la calle haciendo caras de sorpresa. Me di cuenta cuando en medio de la conversación imaginaria tenía que hablar y en voz alta dije: ¿Qué? y detuve mi paso para ver si nadie lo había notado. Menos mal era de noche y la calle de regreso a casa estaba medio sola.

Otro día estaba en un banco intentando hacer un depósito. Había una persona antes que yo haciendo una consulta. Yo estaba mirando hacia la caja del banco, preguntándome si ese olor que tienen los bancos es por los billetes o es porque el gerente fuma escondido. Es un olor como a tabaco de oficina y no sólo aquí en Buenos Aires, sino en Colombia y en todos los bancos a los que he entrado. Tan ida estaba, que no me di cuenta que la persona delante de mí ya se había ido y en su lugar se había puesto otro vivo que no esperó a que yo aterrizara. En estas, el vigilante se me acerca y me dice con cara de sospecha: ¿Está todo bien?

Ahora que lo leo, creo que no son ataques esquizofrénicos, sino que debería cambiar mi lugar de residencia de la luna a la tierra; o tal vez podría comer más panqueques con miel. No sé qué tiene que ver, pero son ricos.

27 de abril de 2010

¡Las vainas de mi pueblo!

No sé si es sólo cuestión de mi percepción, pero últimamente veo cosas tan chistosas o fuera de foco que me causan mucha gracia, sobre todo en el periódico El Heraldo de Barranquilla he encontrado hasta titulares que no entiendo cómo llegaron ahí. Así que, para mi recuerdo y su entretenimiento, aquí he recopilado algunas noticias de este diario que me capturaron, con una mención especial a El Tiempo.com, y más adelante publicaré una par de 'Barranquilladas' y 'Cartagenadas'. Este es mi Macondo tornasolado.

Un toro loco escapó de su medio de transporte y persiguió a todo el que pasaba. El evento en mención mereció hasta una galería de imágenes para mostrar cómo subían al toro entre muchos al camión de regreso.

Venga papi que le estampo su besito... y ¿éste de qué se ríe?

¿Que qué? ¿Francotirador?

Resalto la frase en rojo para entender la respuesta a continuación. Es de los mejores comentarios que he leído hasta hoy: 

17 de abril de 2010

Un día sin internet

Hoy volví a la escuela. Mi primer día de clases en la Maestría. A pesar de la congestión por la gripe, el frío y la despertada temprano, fue un excelente día. Conocí nuevas personas, me sentí atrasada en 'ciberconocimiento', tengo mil lecturas para hacer en casa (uh sí!), estoy cansada, con la cabeza llena de nuevas informaciones y ahora preocupaciones, pero estoy contenta. Debería estar leyendo el libro o los papers de tarea, pero aquí estoy.

Además, por encima de todo, he comprobado que puedo sobrevivir un día sin revisar mi correo, ni mis otras cuentas. ¡Todo el día! desde que amaneció y me fui a la U, hasta que regresé a casa a las nueve de la noche no miré mi correo y no morí!!

Claro, lo intenté una vez, más otra vez, más otra más, nunca funcionó la red. Sobreviví el día, pero no la noche. Apenas llegué en casa, sin pensarlo dos veces, sin pensar en la comida a pesar que mi estómago reclamaba, sin pensar en las llamadas telefónicas que debía hacer, lo primero que hice fue prender la compu, sentarme a escribir mails y revisar las 45 notificaciones de Facebook. Un desastre, dejo de revisar una mañana y tengo 10 mensajes en una cuenta, 48 en la otra (por lo cual los dos correos adicionales a los de FB eran spam) y eso que aún no he revisado mi correo corporativo, porque hoy no fui a trabajar!

Nada que hacer, lo tengo que aceptar, soy ciber-adicta, internet-adicta, facebook-adicta, correo-adicta... de hecho, soy de las que sin internet en su compu no sabe qué hacer con ella. En serio, ni siquiera puedo escribir si no veo al menos una ventanita abierta.

Además, son las dos de la mañana y me entró una curiosidad por 'googlear' a mis compañeros de Maestría a ver qué sale. ¿Puedo ser más inoficiosa?

¡Qué bloguda que soy!

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